miércoles, 4 de noviembre de 2015

Luz y Color

LA LUZ QUE NO PUEDES VER
Anthony Doerr
Editorial Suma
2014
Premio Pulitzer 2015

Dos niños crecen en países distintos: uno en un pueblo minero de Alemania, en un orfanatorio. Werner Pfennig es un chico de cabello tan rubio que es blanco y ojos azules, como debe ser en esos tiempos, pero huérfano y pobre, lo que es casi igual de peligroso que ser judío; es un niño curioso, todas las mañanas sale y  "le hace preguntas al mundo" y, al descubrir una radio destartalada, queda maravillado con sus posibilidades; él y su hermana escucharán un programa sobre ciencia para niños que alguien transmite en francés, luego del cual pone música, por lo general la sonata Claro de Luna; el programa deja de transmitirse, los programas extranjeros son prohibidos;  Werner sueña con ir a Berlín y estudiar con  los grandes científicos, pero su destino está, al parecer, en las minas que se tragaron a su padre.   

Marie-Laure LeBlanc es francesa, vive en París y su padre es el cerrajero mayor del Museo de Historia Natural; queda ciega a los siete años y su padre se dedica a enseñarle a leer las calles, las señales del mundo, las conchas de las caracolas,  los libros de Julio Verne en braille, el olor que cada cosa despide; le construye maquetas de su barrio para que aprenda a ir y volver.

Cuando se desata la guerra, en 1944, Werner será incorporado al ejército en donde tendrá que rastrear señales de radio de los enemigos, y Marie-Laure y su padre huirán de París; terminarán en Saint-Malo, en casa de su tío abuelo Etienne, quien está setenta y seis por ciento loco desde la última guerra, en la cual murió su hermano, el abuelo de la niña, un soñador con quien grabó en alguna época diez sesiones del programa de ciencia para niños, el mismo que Werner escuchó y nunca olvidó. 

Daniel LeBlanc se lleva consigo, al huir, una piedra brillante que el museo quiere preservar de los alemanes. Según la leyenda, la piedra era un regalo de la diosa de la tierra al dios del mar, a quien nunca le llegó; y todo el que la posea vivirá para siempre, pero a su alrededor sus seres queridos sufrirán, hasta que la piedra sea devuelta al mar. 


Haeckel Asteridae, tomada de
www.anthonydoerr.com
La novela está escrita en capítulos cortos que van y vienen entre 1934 y 1945, desde cuando comenzó a gestarse la segunda  guerra, hasta la liberación por los aliados; el autor utiliza el tiempo presente, lo  que la hace dinámica, actual, cautivante, además de figuras y metáforas sobre la luz y el color de una  gran belleza poética.

A través de la historia de Werner, vemos cómo un Estado conduce a su pueblo a la oscuridad, pisoteando a los demás por débiles, por distintos, sustituyéndoles sus sueños por conceptos como patria, honor, sacrificio, superioridad racial,  manipulándolos con el miedo. Y en el otro lado, Marie-Laure es cuidada y educada por su padre para que conserve toda la luz del mundo dentro de sí, esa luz que precisamente ella no puede ver.

En algún momento y por un instante, sus vidas se encontrarán en el caos de la guerra gracias a la radio, y Werner, por una vez también, seguirá los dictados de su corazón y no las consignas militares; pero el tiempo, ese "charco luminoso que uno lleva entre las manos y debe proteger con toda su energía", se está escapando gota a gota.

El libro no ahonda en los horrores conocidos de esa guerra, pero al lector le es posible vislumbrarlos a través de las vidas de los distintos personajes; no es necesario más, pero igual se evidencia el gran sufrimiento que significó esta contienda, para las mujeres alemanas cuando llegaron las tropas rusas, para los franceses, para los judíos,  para todos los europeos.

El título original de la novela es All the light we cannon see, Toda la luz que no podemos ver, el cual es más fiel al contenido del libro; porque  no es solo la luz que Marie-Laure no puede ver, aun cuando su manifestación, el color, permanece en ella, pues "en su imaginación y en sus sueños todo tiene color"; es la luz que alguna vez Werner ve, cuando se imagina las ondas de radio como largas cuerdas de arpa que atraviesan el mundo, porque según el programa de ciencia para niños, matemáticamente "toda luz es en realidad invisible". Es un libro hermoso, poético, profundamente conmovedor.

El autor, Anthony Doerr (Cleveland, Ohio, Estados Unidos, 1973) obtuvo con esta obra el Premio Pulitzer 2015, así como la medalla Andrew Carnegie por excelencia en ficción y no ficción, y fue finalista en el National Book Award ha escrito relatos cortos y novelas como About Grace; ha obtenido, también, cuatro premios O. Henry , el premio Barnes & Noble Discover, el Rome Prize, entre muchos otros.

En alguna entrevista dice Doerr que es "a través de los más ínfimos detalles, a través de lo que la persona ve, huele, escucha momento a momento, que un escritor puede vehicular (sic) la inmensidad  de eso que constituye una vida humana" .

(entrevista dada a Lara Touitou, traducida por María el Pilar Martínez, octubre 6 de 2015 en  http://es.feedbooks.com/interview/531/no-hay-sino-a-trav%C3%A9s-de-los-m%C3%A1s-%C3%ADnfimos-detalles-a-trav%C3%A9s-de-lo-que-la-persona-ve-huele-escucha-momento-a-momento-que-un-escritor-puede-vehicular-la-inmensidad-de-eso-que-constituye-una-vida-humana)



lunes, 26 de octubre de 2015

Nada es blanco o negro

ALMAS GRISES
Phillipe Claudel
Editorial Salamandra
2005


Un pueblo de Francia, cerca del frente de batalla en la Primera Guerra Mundial en donde los hombres mueren por centenares; los heridos y moribundos llegan en camiones al pequeño hospital del pueblo, y solo entonces la gente adquiere conciencia de lo que está sucediendo a pocos kilómetros. Pero la vida sigue su curso por encima de las bombas y las trincheras, y también acaba inesperadamente.

Un frío día de 1917, a la orilla de un canal, aparece el cuerpo de una hermosa niña de diez años, asesinada. El profesor de la escuela enloquece y lo reemplaza una atractiva joven de quien no se sabe nada. Se aloja en una casita en el jardín del palacio del Fiscal de V., un hombre viudo, solo y distante. La maestra se parece a su mujer. La niña también. Su asesinato ¿fue obra de un desertor capturado y fusilado, o de alguien más que la quiso preservar intacta para siempre? Porque "la muerte súbita se lleva las cosas hermosas, pero las conserva tal como eran".


El inspector de policía intenta investigar, pero no puede acercarse a los poderosos; no puede traspasar las fronteras sociales. También él tiene sus propios muertos a cuestas, su abismo personal, su vacío ante la ausencia de su amada esposa. El es el narrador en el libro, y quiere confesar sus remordimientos y sus grandes preguntas; quiere hablar de "todo ese tiempo ido", a sabiendas de que las palabras no lo harán volver jamás, ni "los rostros, las sonrisas, las heridas...". Hablará después de que pase ese tiempo, cuando por fin se sienta capaz.

Descubrirá, como le dijo alguien, que las almas humanas "no son, ciertamente, ni blancas ni negras, sino grises, 'rematadamente grises' ". Son buenas y malas, compasivas y crueles, tristes y felices. Tan solo la niña muerta es todavía inocente. Y en esa complejidad humana ahonda esta bellísima novela. "Lo que más me interesa" -dice el autor- "son las zonas intermediarias en las que se juegan, como en una partida de póquer, el combate entre las aspiraciones del bien y los deslices del mal.  Zonas donde el conflicto interior es intenso y donde el hombre tiene que unir elementos para quedarse hombre, para hacer elecciones que lo mantendrán o no dentro de lo humano".*

La obra de Phillippe Claudel (Nancy, Francia, 1962) es hermosa y sombría, escrita con frases cortas de nostálgica poesía; descarnadas e irónicas a ratos, al describir a los distintos personajes de un mundo que se nos aparece brumoso, en donde siempre hace frío, y en donde las palabras pueden morder, o levantar un cadalso; pueden decir lo contrario de lo que significan, o pueden ser mágicas e imponer respeto con solo pronunciarlas; puede hacerse con ellas cosas hermosas, o estremecer, o quedarse en el aire en suspenso o, como la nieve en la ventana, pueden deshacerse apenas formadas y fluir "en rápidas líneas, como lágrimas por una mejilla ausente".

El epílogo del libro condensa esa labor del narrador: "Ser escribano del tiempo/ un ayudante al que se ve vagar/ cuando se mezclan el hombre y la luz".  Jean-Claude Tardif en L´Homme de Peu.

Según Claudel, "Sólo se es hombre cuando muy dentro de tu cabeza y de tu cuerpo tienes una memoria de los dramas del pasado. Si uno no tiene esta memoria, simplemente es un animal".*

En esa vía, el libro trae el drama de la guerra, de su sinsentido, de los miles de hombres jóvenes que dieron su vida casi sin saber por qué, y del impacto, poco o mucho, en la vida de un pueblo que se aferra a sus costumbres y se centra en sus propias y pequeñas tragedias.


Almas Grises  ganó el premio Renadout 2003 y fue elegido Libro del Año por los libreros franceses y la revista Lire. El autor es escritor, director y guionista. Entre su obra literaria están Petites Mécaniques (Premio Goncourt de Novela 2003) La nieta del señor Linh y El informe de Brodeck (premio Goncourt de los Estudiantes 2007), estas últimas llevadas al cine. También ha sido premiado  
por su obra cinematográfica. Es miembro de la Academia Goncourt.



Notas:
*Entrevista en El Espectador dada durante el Hay Festival de Cartagena en 2011: http://www.elespectador.com/noticias/cultura/philippe-claudel-escritor-de-tonos-grises-articulo-247534