Todo comenzó con mi nostalgia por el mar. No lo he escuchado en tanto tiempo, y extraño tremendamente el caminar por la arena, el deslizarse de las olas sobre la piel junto con la cálida presencia del sol... En teoría, pues este año la primavera ha estado muy fría y nunca he visto más lejos el verano. El camino a Croacia es largo, y pernoctamos en un pueblito alemán deliciosamente decorado como para navidad. Estos alemanes saben muy bien como atraer a los amantes de tortas.... y decoran todo como para hacerte sentir en una piñata. Aclaro: ¡¡¡A mí me gusta!!!
Croacia, llamada por los antiguos romanos Ilyria, es un sueño de país, formado por rocas que en realidad son la cima de montañas sumergidas en el mar. El agua es azul como consecuencia de la ausencia de arena y lo profundo del mar.
Los croatas han estado bajo el dominio de casi todo el mundo: romanos, bizantinos, francos, húngaros, turcos, venecianos, austríacos y, se me perdió la cuenta. Finalmente se liberaron del último dueño, Yugoslavia, en el 71, y después, de los servios en el 95. ¡Pufff! Por eso es la mezcla tan exótica, la gente hermosa y el idioma imposible: los restos del comunismo desaparecen aceleradamente y la construcción de apartamentos para el turismo crece exponencialmente.
Nuestra visita se limitó a la península de Istria, con excepción de la visita a Plitvice, un poco hacia el centro del país. Para llegar allá hicimos un viaje de 3 horas de ida y 3 horas de vuelta en un solo día. Pero es algo maravilloso, hermosísimo. Imagínense 16 lagunas en las rocas, unidas pero a distintos niveles, escalonadas, cayendo sobre aguas tranquilas de un color turquesa imposible, una tras otra, incontables cataratas de agua transparente (y helada).


Para rememorar todo, nos vinimos de vuelta por una vía conocida como La Ruta Romántica. Allí nos queríamos ubicar en el presente pero, créanme, es imposible en la vía romántica. Esta ruta comienza en el castillo Neuschwanstein, el castillo de Ludwig de Baviera. Para los no iniciados, este es el rey enamorado de la música de Wagner, quien hizo construir un palacio blanco soñado lleno con las imágenes de las leyendas germanas de Sigfried y los nibelungos. Uno tras otro pueblo, se pueden visitar bellísimas plazas, castillos, iglesias, reliquias y todo lo que se les ocurra, inclusive un grupo de fanáticos llorosos porque el Bayern perdió contra el Milán la copa europea de futbol. Nosotros visitamos sólo tres ciudadelas pero hay muchas más para explorar. ¡Animo, visitas!
Por: Cándida Reyes Cepeda
Mayo de 2010, De Holanda a Croacia