domingo, 27 de julio de 2014

Merlín, el sanador

Tomada de www.lahistoriaenmislibros.com
BATALLA DE REYES
MUERTE DE UN IMPERIO
RED DE TRAICIONES

M.K. Hume
Editorial Grijalbo



Hay libros que uno no quisiera que se acabaran nunca; que tienen tal poder de fascinación, que fácilmente nos  trasladan  a un mundo y un espacio propios en donde nos quedamos atrapados, sin remedio. Eso sucede con esta trilogía de M.K. Hume, nombre artístico de Marylin Hume (1948, Ipswich, Queensland, Australia), que narra la historia de Merlín, el mago de las leyendas del rey Arturo. Sin embargo, en estos libros no hay magia ni apariciones ni desapariciones; hay un chico bastardo de origen noble, de la tribu de los deceanglos,  que aprende a ser un sanador, en la alta edad media de la Britania del siglo V, un mundo y época violentos, en donde reinan la ignorancia y la superstición, pese a lo cual un grupo de líderes britanos tratan de conservar su libertad  luego de que se marcharan los romanos, luchando por evitar la invasión de los sajones, daneses, jutos y demás "bárbaros" del norte de la Europa de entonces.
Merlín, de las Crónicas de Nuremberg,
tomado de es.wikipedia.org

Myrddion Merlinus es un sanador especial, que tiene el poder de la "doble visión" o de la clarividencia, un don que no desea porque no lo puede controlar, pero que hace que todos le teman y recuerden el apelativo de "medio demonio" que le acompaña desde la infancia. Es, también, un espíritu libre, curioso, sensible y humanitario, que se ve obligado a servir a los reyes que se lo exijan porque, como sanador que ha leído a Hipócrates, ha jurado siempre no causar daño a sus pacientes, sin distinguir de dónde vienen. 

Y esta lección la aprende de su maestra,la vieja Annwynn; aprende que hay que dejar el odio a un lado para poder sanar, ya que no tienen derecho a elegir quién debe vivir y quién debe morir. Superándose a sí mismo, curando al rey Vortigern que había matado a su abuela, Myrddion llega "a aceptar que todo sufrimiento debe ser aliviado, con independencia del carácter del paciente. El sanador no tiene derecho a elegir, pues todo santo, héroe, pecador y criminal tiene derecho a que lo traten. Por fin, Myrddion se había ganado el derecho a afirmar que era un auténtico sanador.”

Ruinas del castillo de Tintagel,
tomada de www.timetravel-britain.com
En estos tres libros, el lector recorrerá Britania, la Galia, Roma y Constantinopla, siguiendo a Myrddion Merlinus en sus búsquedas íntimas, al tiempo que va viviendo la historia del rey de los dumnonios, Gorlois, y su esposa Ygerne, de quien nacerá Arturo, en medio de engaños, sangre y odio. Y recorrerá el difícil trayecto de un sanador que quiere saber más para curar a sus pacientes, y que está limitado por los conocimientos de su época.

La historia es apasionante, vívida en imágenes y revive un tiempo mítico y al mismo tiempo real; la historia de cómo se fue formando la civilización de occidente, de cómo el hombre fue aprendiendo  a hacer frente a los avatares de la guerra y del mundo; de cómo, independientemente de la religión, siempre han existido la compasión y la solidaridad entre los hombres, que nos ayudan a ser mejores seres humanos por encima de las diferencias.

M.K. Hume estudió literatura inglesa, y es una apasionada del mito artúrico. En sus estudios de doctorado, estudió al poeta Charles Williams, quien escribió literatura esotérica sobre Arturo entre 1920 y 1940 y cuya obra más lograda es el poema "Taliessin through logres", y "The región of the summer stars". Hume declara que adora su trabajo aun cuando Williams le parezca un tanto "raro".(www.m.k.hume.com) 

La trilogía sobre Merlín empata con una trilogía escrita con anterioridad por la autora sobre el rey Arturo: El hijo del dragón, El guerrero de occidente y El cáliz maldito. De esta suerte, la maravillosa saga, mezcla de historia y leyenda, que ha escrito M.K. Hume, continúa para solaz de los lectores amantes de estas historias. 

Y aprenderemos que Merlín tal vez acabe transigiendo con sus rígidos principios, en pro de un bien mayor; que  los sajones y los anglos y los jutos, terminarán formando parte de la base del actual pueblo británico; que no todos serán tan bárbaros como parecen; que siempre habrá atisbos de piedad, de compasión y de sabiduría en todos los pueblos; y, por encima de todo, que siempre habrá ese afán de libertad que induce a todos los hombres a pelear contra la injusticia, a sacrificar todo por ese bien supremo que permite que los espíritus vuelen en libertad.


martes, 10 de junio de 2014

Los colombianos, según García Márquez



En la proclama que hizo Gabriel García Márquez al entregar, en 1994, el Informe de la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, titulada "Por un país al alcance de los niños", se encuentra un retrato doloroso, pero no menos cierto, de cómo somos los colombianos, a partir de una conquista española guiada por la ambición del oro y de una sociedad colonial "que era un modelo oscurantista de discriminación racial y violencia larvada" que se ha perpetuado a lo largo de los años.
 
Dijo García Márquez que ese sino sangriento lo enfrentamos con dos dones naturales: "Uno es el don de la creatividad, expresión superior de la inteligencia humana. El otro es una abrasadora determinación de ascenso personal. Ambos, ayudados por una astucia casi sobrenatural, y tan útil para el bien como para el mal..."
 
De la herencia hispánica, nos quedó el ansia de aventuras. Los colombianos en el exterior nunca fueron tan colombianos como al sentirse lejos de Colombia. Así es. Han asimilado las costumbres y las lenguas de otros como las propias, pero nunca han podido sacudirse del corazón las cenizas de la nostalgia, y no pierden ocasión de expresarlo con toda clase de actos patrióticos para exaltar lo que añoran de la tierra distante, inclusive sus defectos."
 
Y agrega, léase bien:
 
"Somos conscientes de nuestros males, pero nos hemos desgastado luchando contra los síntomas mientras las causas se eternizan. Nos han escrito y oficializado una versión complaciente de la historia, hecha más para esconder que para clarificar, en la cual se perpetúan vicios originales, se ganan batallas que nunca se dieron y se sacralizan glorias que nunca merecimos. Pues nos complacemos en el ensueño de que la historia no se parezca a la Colombia en que vivimos, sino que Colombia termine por parecerse a su historia escrita.
"Por lo mismo, nuestra educación conformista y represiva parece concebida para que los niños se adapten por la fuerza a un país que no fue pensado para ellos, en lugar de poner el país al alcance de ellos para que lo transformen y engrandezcan. [...]
 
"Esta encrucijada de destinos ha forjado una patria densa e indescifrable donde lo inverosímil es la única medida de la realidad. Nuestra insignia es la desmesura. En todo: en lo bueno y en lo malo, en el amor y en el odio, en el júbilo de un triunfo y en la amargura de una derrota. Destruimos a los ídolos con la misma pasión con que los creamos, Somos intuitivos, autodidactas espontáneos y rápidos, y trabajadores encarnizados, pero nos enloquece la sola idea del dinero fácil. Tenemos en el mismo corazón la misma cantidad de rencor político y de olvido histórico. Un éxito resonante o una derrota deportiva pueden costarnos tantos muertos como un desastre aéreo. Por la misma causa somos una sociedad sentimental en la que prima el gesto sobre la reflexión, el ímpetu sobre la razón, el calor humano sobre la desconfianza.
"Tenemos un amor casi irracional por la vida, pero nos matamos unos a otros por las ansias de vivir. Al autor de los crímenes más terribles lo pierde una debilidad sentimental. De otro modo: al colombiano sin corazón lo pierde el corazón.
 
"Pues somos dos países a la vez: uno en el papel y otro en la realidad. Aunque somos precursores de las ciencias en América, seguimos viendo a los científicos en su estado medieval de brujos herméticos, cuando ya quedan muy pocas cosas en la vida diaria que no sean un milagro de la ciencia. En cada uno de nosotros cohabitan, de la manera más arbitraria, la justicia y la impunidad; somos fanáticos del legalismo, pero llevamos bien despierto en el alma un leguleyo de mano maestra para burlar las leyes sin violarlas, o para violarlas sin castigo.
 
"Amamos a los perros, tapizamos de rosas el mundo, morimos de amor por la patria, pero ignoramos la desaparición de seis especies animales cada hora del día y de la noche por la devastación criminal de los bosques tropicales, y nosotros mismos hemos destruido sin remedio uno de los grandes ríos del planeta. Nos indigna la mala imagen del país en el exterior, pero no nos atrevemos a admitir que muchas veces la realidad es peor. Somos capaces de los actos más nobles y de los más abyectos, de poemas sublimes y asesinatos dementes, de funerales jubilosos y parrandas mortales. No porque unos seamos buenos y otros malos, sino porque todos participamos de ambos extremos. Llegado el caso --y Dios nos libre-- todos somos capaces de todo.


"Tal vez una reflexión más profunda nos permitiría establecer hasta qué punto este modo de ser nos viene de que seguimos siendo en esencia la misma sociedad excluyente, formalista y ensimismada de la Colonia. Tal vez una más serena nos permitiría descubrir que nuestra violencia histórica es la dinámica sobrante de nuestra guerra eterna contra la adversidad. Tal vez estemos pervertidos por un sistema que nos incita a vivir como ricos mientras el cuarenta por ciento de la población malvive en la miseria, y nos ha fomentado una noción instantánea y resbaladiza de la felicidad: queremos siempre un poco más de lo que ya tenemos, más y más de lo que parecía imposible, mucho más de lo que cabe dentro de la ley, y lo conseguimos como sea: aun contra la ley.
 
"Conscientes de que ningún gobierno será capaz de complacer esta ansiedad, hemos terminado por ser incrédulos, abstencionistas e ingobernables, y de un individualismo solitario por el que cada uno de nosotros piensa que sólo depende de sí mismo. Razones de sobra para seguir preguntándonos quiénes somos, y cuál es la cara con que queremos ser reconocidos en el tercer milenio."
 

Sobran los comentarios, pero vale la pena recordar que los homenajes a los sabios son mejores si los escuchamos con atención, sobrepasando la emoción del momento, el gesto y el mero símbolo.