martes, 10 de junio de 2014

Los colombianos, según García Márquez



En la proclama que hizo Gabriel García Márquez al entregar, en 1994, el Informe de la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, titulada "Por un país al alcance de los niños", se encuentra un retrato doloroso, pero no menos cierto, de cómo somos los colombianos, a partir de una conquista española guiada por la ambición del oro y de una sociedad colonial "que era un modelo oscurantista de discriminación racial y violencia larvada" que se ha perpetuado a lo largo de los años.
 
Dijo García Márquez que ese sino sangriento lo enfrentamos con dos dones naturales: "Uno es el don de la creatividad, expresión superior de la inteligencia humana. El otro es una abrasadora determinación de ascenso personal. Ambos, ayudados por una astucia casi sobrenatural, y tan útil para el bien como para el mal..."
 
De la herencia hispánica, nos quedó el ansia de aventuras. Los colombianos en el exterior nunca fueron tan colombianos como al sentirse lejos de Colombia. Así es. Han asimilado las costumbres y las lenguas de otros como las propias, pero nunca han podido sacudirse del corazón las cenizas de la nostalgia, y no pierden ocasión de expresarlo con toda clase de actos patrióticos para exaltar lo que añoran de la tierra distante, inclusive sus defectos."
 
Y agrega, léase bien:
 
"Somos conscientes de nuestros males, pero nos hemos desgastado luchando contra los síntomas mientras las causas se eternizan. Nos han escrito y oficializado una versión complaciente de la historia, hecha más para esconder que para clarificar, en la cual se perpetúan vicios originales, se ganan batallas que nunca se dieron y se sacralizan glorias que nunca merecimos. Pues nos complacemos en el ensueño de que la historia no se parezca a la Colombia en que vivimos, sino que Colombia termine por parecerse a su historia escrita.
"Por lo mismo, nuestra educación conformista y represiva parece concebida para que los niños se adapten por la fuerza a un país que no fue pensado para ellos, en lugar de poner el país al alcance de ellos para que lo transformen y engrandezcan. [...]
 
"Esta encrucijada de destinos ha forjado una patria densa e indescifrable donde lo inverosímil es la única medida de la realidad. Nuestra insignia es la desmesura. En todo: en lo bueno y en lo malo, en el amor y en el odio, en el júbilo de un triunfo y en la amargura de una derrota. Destruimos a los ídolos con la misma pasión con que los creamos, Somos intuitivos, autodidactas espontáneos y rápidos, y trabajadores encarnizados, pero nos enloquece la sola idea del dinero fácil. Tenemos en el mismo corazón la misma cantidad de rencor político y de olvido histórico. Un éxito resonante o una derrota deportiva pueden costarnos tantos muertos como un desastre aéreo. Por la misma causa somos una sociedad sentimental en la que prima el gesto sobre la reflexión, el ímpetu sobre la razón, el calor humano sobre la desconfianza.
"Tenemos un amor casi irracional por la vida, pero nos matamos unos a otros por las ansias de vivir. Al autor de los crímenes más terribles lo pierde una debilidad sentimental. De otro modo: al colombiano sin corazón lo pierde el corazón.
 
"Pues somos dos países a la vez: uno en el papel y otro en la realidad. Aunque somos precursores de las ciencias en América, seguimos viendo a los científicos en su estado medieval de brujos herméticos, cuando ya quedan muy pocas cosas en la vida diaria que no sean un milagro de la ciencia. En cada uno de nosotros cohabitan, de la manera más arbitraria, la justicia y la impunidad; somos fanáticos del legalismo, pero llevamos bien despierto en el alma un leguleyo de mano maestra para burlar las leyes sin violarlas, o para violarlas sin castigo.
 
"Amamos a los perros, tapizamos de rosas el mundo, morimos de amor por la patria, pero ignoramos la desaparición de seis especies animales cada hora del día y de la noche por la devastación criminal de los bosques tropicales, y nosotros mismos hemos destruido sin remedio uno de los grandes ríos del planeta. Nos indigna la mala imagen del país en el exterior, pero no nos atrevemos a admitir que muchas veces la realidad es peor. Somos capaces de los actos más nobles y de los más abyectos, de poemas sublimes y asesinatos dementes, de funerales jubilosos y parrandas mortales. No porque unos seamos buenos y otros malos, sino porque todos participamos de ambos extremos. Llegado el caso --y Dios nos libre-- todos somos capaces de todo.


"Tal vez una reflexión más profunda nos permitiría establecer hasta qué punto este modo de ser nos viene de que seguimos siendo en esencia la misma sociedad excluyente, formalista y ensimismada de la Colonia. Tal vez una más serena nos permitiría descubrir que nuestra violencia histórica es la dinámica sobrante de nuestra guerra eterna contra la adversidad. Tal vez estemos pervertidos por un sistema que nos incita a vivir como ricos mientras el cuarenta por ciento de la población malvive en la miseria, y nos ha fomentado una noción instantánea y resbaladiza de la felicidad: queremos siempre un poco más de lo que ya tenemos, más y más de lo que parecía imposible, mucho más de lo que cabe dentro de la ley, y lo conseguimos como sea: aun contra la ley.
 
"Conscientes de que ningún gobierno será capaz de complacer esta ansiedad, hemos terminado por ser incrédulos, abstencionistas e ingobernables, y de un individualismo solitario por el que cada uno de nosotros piensa que sólo depende de sí mismo. Razones de sobra para seguir preguntándonos quiénes somos, y cuál es la cara con que queremos ser reconocidos en el tercer milenio."
 

Sobran los comentarios, pero vale la pena recordar que los homenajes a los sabios son mejores si los escuchamos con atención, sobrepasando la emoción del momento, el gesto y el mero símbolo.







 
 

sábado, 10 de mayo de 2014

La resurrección de Marlowe

LA RUBIA DE OJOS NEGROS
Benjamin Black (John Banville)
Alfaguara
2014


Una hermosa y elegante mujer rubia de ojos negros va a la oficina de Phillip Marlowe; quiere que busque a su amante, aparentemente muerto, pero a quien creyó ver de manera fugaz en una calle de San Francisco.

Marlowe comienza a investigar por aquí y por allá, pero algo no lo convence; no ve a esa hermosa mujer con un hombre como Nico Peterson; tampoco la ve con él mismo, un hombre de distinta clase social y distinta cultura, un solitario y brusco detective privado, pero no puede borrarla de su mente.

La historia se va desenvolviendo al estilo de Raymond Chandler en El Largo Adiós, una historia, a ratos lenta y laberíntica, de drogas, asesinos mexicanos y hombres ricos cuidándose las espaldas; al final,  terminará regresando a los personajes de El Largo Adiós  (Terry Lennox, Linda Loringer) y cerrará el círculo que quedó medio abierto en esa novela.

En El Largo Adiós, Marlowe defiende en cierto modo a Terry Lennox, es lo más cercano a un amigo que ha podido tener. Se niega a recibirle dinero y le dice: "Usted compró mucho de mí y por nada, Terry. Por una sonrisa, una inclinación de cabeza, un saludo con la mano y algunas copas tomadas de vez en cuando en un bar tranquilo y confortable. Fue agradable mientras duró. Hasta la vista, amigo. No le digo adiós. Se lo dije cuando tenía algún significado. Se lo dije cuando era triste, solitario y final".

Pero el Terry de Black ha cambiado y ha traicionado cosas que Marlowe considera intocables. Es un elegante cascarón corroído por dentro "por el ácido, el óxido y las llagas".

La Rubia de Ojos Negros fue escrita a petición de los herederos de Raymond Chandler, y Benjamin Black, seudónimo de John Banville (Wexford, Irlanda, 1945) realmente revive al detective Marlowe de manera magistral. Uno cree estar leyendo una segunda parte de El Largo Adiós; sin embargo, el Marlowe de ahora es más rudo que el primero, más imprudente en sus comentarios y, al tiempo, más ingenuo con las mujeres, más "blando"; también más desencantado, pero sigue siendo el hombre atenido a sus principios éticos, el hombre que no se vende al mejor postor y que todavía defiende el valor de la amistad y la lealtad a su cliente. Y en el fondo, sigue siendo un sentimental.

Black, o Banville, sí trae de vuelta al detective Marlowe, pero el tiempo ha pasado; en la factura de esta novela se  nota el paso del tiempo, y el esfuerzo de Banville por escribir ajustado a una época que Chandler dominaba porque era la suya. El lenguaje de Chandler es más seco y el peso de la trama lo llevan los diálogos; el estilo de Banville es más poético, pese a la violencia de la historia, y más descriptivo; algunas de sus frases trasladan a un ámbito más allá de las palabras: "La casa tenía el tamaño perfecto para mí, pero había tardes en que parecía la madriguera del Conejo Blanco. Preparé una cafetera bien cargada, me bebí una taza y empecé a dar vueltas por el salón intentando no rebotar en las paredes. Me bebí otra taza de café y encendí otro cigarrillo, ajeno a la noche que crecía en la ventana...".

John Banville, foto tomada
de untitledbooks.com
Vale la pena leer los dos libros: primero El Largo Adiós, de Chandler, y luego La rubia de Ojos Negros, de Benjamin Black. Si en el primer libro Marlowe no quiso decir adiós, en el segundo sí se lo dirá a  muchas cosas;  y, como anota Chandler, "decir adiós es morir un poco".
Raymond Chandler, foto tomada de
getting-medieval.com


Raymond Chandler (Chicago 1888- La Jolla 1959), escritor y guionista; su primera novela fue El sueño eterno (1939), seguida de otras muchas como Adiós, MuñecaLa Ventana SiniestraEl Largo Adiós, considerada por muchos su mejor obra;  entre sus guiones está Perdición, La Dalia Azul y Extraños en un Tren, dirigida por Alfred Hitchcock y basada en una novela de Patricia Highsmith (tomado de es.wikipedia.org).

John Banville, por su parte, es colaborador de The New York Review of Books. Entre sus pobres están El Intocable, Eclipse, Imposturas, Los Infinitos, El Mar, y Antigua Luz, "uno de los mejores libros del año (2012) según la crítica. Bajo el seudónimo de Benjamin Black, ha publicado El Lémur, El Secreto de Chiristine, Muerte en verano, entre otras. Premios recibidos: Booker (2005) con El Mar; Premio Franz Kafka (2011); Premio Austríaco de Literatura Europea (2013) y Premios Leteo y Liber, de España. (Tomado de elplacerdelalectura.com)