martes, 13 de septiembre de 2016

El puro placer de leer

AQUÍ VIVEN LEONES
Viaje a las guaridas de los grandes escritores
Fernando Savater & Sara Torres
Editorial Debate
2015


"Toda gran obra literaria encierra un enigma, además del hechizo que ejerce sobre nuestra sensibilidad e imaginación: el enigma de su autor. ¿Por qué fue él y no otro quien halló el tesoro? ¿Cómo desarrolló esos dones o, quizá, cómo aprovechó sus limitaciones en su favor? Carnal y doméstico como cualquiera de nosotros, deambuló por unas calles que también sus admiradores podemos recorrer, subió a unas colinas o se sentó bajo un árbol que aún se nos ofrecen, miró los cambios de esa parcela del cielo que ahora vemos, se entretuvo soñando ante ese pedazo de mar. [...] A través de esas pistas evocamos su figura, y ese conjuro personal sirve para complementar nuestra lectura de su obra, aunque nunca para sustituirla. Más bien al contrario, es un pretexto para volver sobre ella y recaer en el placer que nos causa, pero ahora con un decorado y un paisaje que nos permiten quizá comprenderla mejor... ¡o que nos intrigan aún más sobre el hechizo que encierra!"
Fernando Savater y Sara Torres, tomada
de elpais.com

Esto dice Fernando Fernández-Savater (San Sebastián, España-1947) en el prólogo de su último libro, que es un delicioso paseo por los lugares de algunos de sus escritores favoritos, acompañado de fotografías y unas viñetas introductorias a cada capítulo. El libro es, también, obra de su compañera Sara Torres, quien falleció en marzo de 2015, y Savater ha dicho que desde entonces le falta alegría, y que no escribirá más porque, total, ella no puede leerlo.Quién sabe, de pronto está equivocado.
(http://elpais.com/elpais/2016/03/23/estilo/1458737504_406439.html)

Empecé a leer el libro  y me encantó, y seguí leyendo con una sonrisa en los labios, sobre todo los primeros capítulos; sus apuntes de humor, los cotilleos, sus anotaciones sobre la vida familiar de Agatha Christie, sobre la casa que compró que fue de Walter Raleight, "que solía dedicarse al placer inaudito de fumar que él introdujo en Europa, hasta que una criada que le vio humeante creyó que estaba ardiendo y le arrojó un cubo de agua encima; los ires y venires de Alfonso Reyes, cuya prosa Borges consideró "la más perfecta que en aquel momento podía leerse en castellano"; la oscuridad de Edgar Allan Poe, cuya innovación "fue pasar del terror como amenaza y sobresalto físico al escalofrío mental"; las obsesiones de Flaubert, quien "no creía que la literatura debería ser realista, sino que la realidad debía llegar a ser plenamente literaria"; el poema "la retama" de Leopardi, que quizá sea su "tratado de paz con el destino humano". 

Savater y su mujer pasean por los lugares de los escritores y, al tiempo, va comentando sus obras de manera  que dan ganas de leerlas o de releerlas bajo otra luz y, sobre todo, con infinito placer, porque "leer es un placer y los placeres se contagian, no se fingen ni se enseñan", dice en una entrevista a El País. 

Ilustración del capítulo
sobre Agatha Christie
El último capítulo es sobre Stefan Zweig y por qué se suicidó; es interesante pero triste, se nota ya cierta desgana en su escritura, no tiene la chispa del capítulo de Shakesperare o de Agatha Christie. Tal vez refleja ya la tristeza que ahora embarga a Savater.

Fernando Fernández-Savater Martín es filósofo, novelista, ensayista, autor dramático y periodístico. Ha escrito más de cincuenta obras, ha recbido multitud de doctorados honoris causa otorgados por universidades de Europa y de América, así como diversas condecoraciones y premios literarios. Entre sus obras están Ética para Amador, Política para Amador, Las preguntas de la vida, El contenido de la felicidad, libros con los cuales trata de hacer descender la filosofía de su pedestal académico, sobre todo para la gente joven.

En Aquí viven leones, Savater quiere acercar sus escritores favoritos a los lectores, y lo logra, con ese particular estilo suyo de volver sencillas las cosas complejas. Es, sobre todo, una  invitación a entrar en ese maravilloso "jardín secreto" que son los libros.



domingo, 21 de agosto de 2016

El "otro" existe

Los invito a leer la columna de Cecilia Alvarez Correa en El Tiempo de hoy. SIempre he pensado que mientras los colombianos no veamos "al otro", no podremos construir una sociedad coherente. Mientras no respetemos la opinión de los otros, seremos un país bárbaro, en donde solo primarán las ideas de los más fuertes. Mientras no veamos el dolor ajeno, seguiremos indiferentes al sufrimiento de nuestros propios compatriotas. Y que no nos pase lo que dice ese poema, parece que mal atribuido a Bertold Brecht, no importa:

"Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada".


Cecilia Álvarez Correa

El dolor ajeno

Colombia no tiene futuro sin el reconocimiento y el respeto por el que sufre, por el dolor ajeno.
“En cada persona asesinada muere la humanidad entera”. Palabras del escritor y filósofo Enmanuel Levinas, sobreviviente del holocausto.
Cuando algunos se sienten dueños de una sola verdad, buscan la forma de imponerla a los demás. Comienzan entonces la opresión, la humillación y la dominación que justifica lo injusto, lo atroz, lo catastrófico. Es cuando el crimen, el genocidio y las matanzas parecen legitimadas.

Ocurre lo mismo con las mentiras. Sus hacedores las repiten tanto que quedan convertidos en sus esclavos, en víctimas; es decir, en presas de su propio invento, condenados a ajustarse a ellas.
Y se convierten en maestros. Dicen las mentiras más peligrosas sin arrugar la cara, con rostros de ‘yo no fui’, con apariencia de sujetos ordinarios, arropados por la banalidad del mal, tal como lo ilustra en su concepto la escritora alemana Hannah Arendt.
Por eso, el mejor antídoto contra la mentira es la memoria. Esta hace que la verdad cobre fuerza y que la justicia no sea solo constancia del dolor. La memoria con justicia camina hacia el respeto, virtud que abre las puertas hacia el otro. Hacia la pluralidad y la igualdad.
Es muy grave que en Colombia se prescinda de la comprensión y el respeto cada vez que se discute sobre el sufrimiento. Hablamos de la prolongación y el gusto por la guerra sin pensar en quienes mueren o sufren. Respeto e igualdad son indispensables para perfeccionar la comprensión de nuestra propia dignidad. Sin ellos, la persona corre el riesgo de creerse cada vez más digna y no advertir a tiempo que actúa de manera más inhumana.
Ignorar a los demás desatiende la verdad y la justicia, y al hacerlo se crean categorías artificiales para diferenciarse de los otros, se disponen las bases de una supuesta superioridad y se excluye a todos aquellos que amenazan ciertas ideas, las cuales, en el fondo parten de sentir, quizás sin entender, que la dignidad de unos es diferente de la dignidad de otros.
Por supuesto, cuando la vida sitúa a quien ha maltratado y humillado en la necesidad de recibir la comprensión y el respeto de los demás, siente y entiende claramente que su dignidad no es diferente a la dignidad del otro. Este escenario es el que le permite a la humanidad perfeccionar su noción de justicia y aplicarla.
El aniversario de la tristísima muerte de Sergio Urrego, y los acontecimientos de las últimas semanas en Colombia, donde se produjeron ataques de toda índole a la diversidad y a la diferencia, nos invitan a reflexionar sobre el respeto, la dignidad humana, la igualdad y la libertad. Todos estos valores que en teoría sostienen nuestra democracia y que son la base de nuestra Constitución Política.
Colombia no tiene futuro sin el reconocimiento y el respeto por el que sufre, por el dolor ajeno. No atendemos en realidad los postulados cristianos siomitimos el mandamiento primordial: amar al prójimo; es decir, a su alteridad y a su diferencia.
La dignidad sin respeto es vanidad. Es indispensable superar el odio, el rencor y la maldad para proteger la dignidad humana y la justicia.
Si estos no existen desde las dignidades, sobre todo; si la mentira le puede a la razón para atropellar las sanas iniciativas y a las personas, estamos perdidos.
CECILIA ÁLVAREZ-CORREA
@cecialvarezc