Lavinia es la única hija sobreviviente del rey Latino y de Amarta, de la casa real de los rútulos. Como hija del rey, lo asiste en los ritos a los dioses. En el bosque de Albunea, en el santuario de sus ancestros, ve una noche al espectro del poeta, que va camino de su muerte.
El poeta le canta a Lavinia cómo fue la caída de Troya, tal como Eneas se la narró a la reina Dido de Cartago. Cómo salió huyendo con su gente, con su padre en hombros portando sus penates, y su hijo Anquises. Su esposa Creusa, muerta en Troya, se le aparece y le anuncia que creará un imperio en las tierras del Tíber, profecía que luego le confirmará la sibila de Cumas.
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Eneas, de Bernini |
El poeta le cuenta que los oráculos le dirán a su padre que no debe casarla con un hijo del Lacio, sino con el extranjero que viene en camino. Y es que varios pretendientes de disputan su mano, entre ellos Turno, rey de los rútulos y sobrino de la reina, quien lo prefiere abiertamente. Cuando llegan los troyanos remontando el Tíber, el rey Latino hace un pacto con ellos y le ofrece Lavinia a Eneas en matrimonio, lo que desata una guerra a las puertas de su casa, iniciada por Turno.
Úrsula Le Guin (Berkeley 1929-Portland 2018) desarrolla en este hermoso libro un diálogo entre el espectro de Virgilio y uno de los personajes menores de su poema, Lavinia, a quien solo le dio "recatados rubores y escaso carácter". La autora es, también, una poeta que nos vuelve a narrar la Eneida sin la desequilibradora intervención de unos dioses llevados por sus pasiones, y le da a Lavinia la fortaleza y el carácter que Virgilio no le dio. Hija de reyes, reina, madre de reyes, junto con Eneas serán los fundadores míticos de Roma, antes de Rómulo y Remo, en la edad antigua.
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Mapa de antigua Italia, en SPQR, de Mary Beard |