Joël Dicker
Editorial Alfaguara
2018

Rosemberg investigó ese caso con Derek Scott, dos jóvenes inspectores entonces, que asumieron el que fue su primer caso exitoso. Descubrieron al culpable, y ahora una periodista de un diario local dice que se equivocaron. Pero Stephanie desaparece, sus padres han puesto una denuncia, no saben de ella hace varios días. Pese a estar a cuatro días de su retiro, Rosemberg empieza a averiguar por el paradero de la joven. Le pide ayuda a Derek, pero éste no quiere reabrir un caso que fue doloroso.
Pese a sus reticencias, Derek decide ayudar a Rosemberg, con el apoyo de Anna Kanner, subjefa de la policía de Orphea. A medida que avanzan, y a medida que se va acercando el vigésimo festival de teatro, un asesino va eliminando los posibles testigos y sospechosos; tal vez sí se equivocaron de culpable hace veinte años.
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Westhamptoms |
La historia va siendo contada por los distintos protagonistas, principales y secundarios; unos narran en 2014 y otros desde 1994, y de ese coro de voces y miradas retrospectivas surge un escenario de dramas familiares, mentiras, omisiones, infidelidades, oportunismos, y corrupción en la dirigencia política de la ciudad.
La verdad, me ha parecido una buena novela policíaca y de misterio, de esas que te absorben al punto de hacerte olvidar esta horrorosa pandemia que vive el mundo; de las que hacen dejar de lado el trabajo y los deberes, porque solo quieres retomarla para saber qué sigue, hasta un final complejo e inesperado que, curiosamente, deja un asesino suelto, uno circunstancial, tan inexperto que confiesa y no le creen.
Tiene personajes trágicos, patéticos, confundidos, libreros, periodistas, un crítico que quiere ser artista reconocido, un exjefe de policía que quiere ser dramaturgo, todos con un secreto del pasado, con una culpa a cuestas, con motivos para matar o sin motivos, y que se van descubriendo a través de sus acciones, en una trama frenética que contagia irremediablemente al lector.
No tiene grandes figuras ni frases literarias, el lenguaje es dinámico, necesario, y cumple su propósito de hacer de la lectura un placer, el mismo que dice el autor haber sentido al escribirla.
Joël Dicker (Ginebra, 1985), en entrevista con El Tiempo, dice: "Tengo que ser yo mi primer lector y si escribo es porque me gusta leer, la lectura es lo que me ha llevado a la escritura, entonces descubro el libro a medida que lo escribo, y el hecho de sentir placer, de hacerme preguntas del tipo ¿será esto? ¿no será? es muy importante en la historia. No sé si voy a tener éxito, si a los lectores les va a gustar o no, no es una ciencia, pero sé que si yo siento placer, entonces valió la pena escribirlo."(https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/entrevista-con-joel-dicker-autor-de-la-novela-la-verdad-sobre-el-caso-harry-quebert-300022)
Entre sus obras están La verdad sobre el caso Harry Quebert (Gran Premio de la Academia Francesa, 2012), Los últimos días de nuestros padres (Premio Goncourt de los Estudiantes) y el Libro de los Baltimore.