Hace veinte años, en julio de 1994, se le entregó al entonces Presidente de la República, César Gaviria, el Informe de la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo elaborado por diez sabios: Fernando Chaparro, investigador sobre ciencias sociales y el agro; Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura; Rodrigo Gutiérrez, economista y líder industrial; el neurofisiólogo e investigador Rodolfo Llinás; el abogado e historiador Marco Palacios; el científico Manuel Elkin Patarroyo; Eduardo Posada, físico; Angela Restrepo, microbióloga; Carlos Eduardo Vasco, filósofo, físico y matemático y Eduardo Aldana Valdés, ingeniero civil y doctor en sistemas urbanos. (http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-178907)
García Márquez señaló en el prólogo: “La misión de la ciencia, la educación y el desarrollo no ha pretendido una respuesta, pero ha querido diseñar una carta de navegación que tal vez ayude a encontrarla. Creemos que las condiciones están dadas como nunca para el cambio social, y que la educación será su órgano maestro. Una educación desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quienes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma. Que aproveche al máximo nuestra creatividad inagotable y conciba una ética -y tal vez una estética- para nuestro afán desaforado y legítimo de superación personal. Que integre las ciencias y las artes a la canasta familiar, de acuerdo con los designios de un gran poeta de nuestro tiempo que pidió no seguir amándolas por separado como a dos hermanas enemigas. Que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia, y nos abra al fin la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía (Cien Años de Soledad). Por el país próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños”. Hizo, además, un apabullante retrato de los colombianos, que bien vale la pena repasar.
"La responsabilidad de hacer que las organizaciones colombianas aprendan permanentemente,de manera creativa y auto-transformadora," -dice el Informe de la Misión- "recae sobre sus líderes y administradores. Ellos tienen a su alcance una tecnología de gestión para transformarlas, lo que es requisito indispensable para que la educación, la generación de conocimientos científicos y tecnológicos y el desarrollo se hagan realidad."
Sin embargo hoy, veinte años después, y con los tristes resultados de las pruebas Pisa y de conocimiento, vemos que, como todo estudio que se hace en Colombia, no se aplica, son puras palabras al viento. La educación sigue siendo deficiente, por decir lo menos, y nuestros niños cada vez están menos preparados para afrontar los retos de un mundo en desarrollo.
Continuamos quedándonos en el símbolo y en el homenaje, sin ahondar en el contenido.
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Archivo de El Espectador |
Rodolfo Llinás, por su parte, dijo en ese informe: “Colombia reconoce por fin la crisis en que se encuentra su sistema de ciencia, tecnología y educación y busca, como garantía de un futuro mejor, la reestructuración de tales sistemas. Las carencias en capital humano capacitado, sistemas educativos de calidad con amplia cobertura y la inadecuada educación científica para el desarrollo, no permiten actualmente asumir los retos organizativos y culturales del presente y del futuro en Colombia. Está situación, conjugada con ciertas estructuras internacionales, constituyen serios obstáculos para el desarrollo actual del país”.
(Tomado de http://aprendeenlinea.udea.edu.co/revistas/index.php/unip/article/viewFile/1819/1487)"La responsabilidad de hacer que las organizaciones colombianas aprendan permanentemente,de manera creativa y auto-transformadora," -dice el Informe de la Misión- "recae sobre sus líderes y administradores. Ellos tienen a su alcance una tecnología de gestión para transformarlas, lo que es requisito indispensable para que la educación, la generación de conocimientos científicos y tecnológicos y el desarrollo se hagan realidad."
Sin embargo hoy, veinte años después, y con los tristes resultados de las pruebas Pisa y de conocimiento, vemos que, como todo estudio que se hace en Colombia, no se aplica, son puras palabras al viento. La educación sigue siendo deficiente, por decir lo menos, y nuestros niños cada vez están menos preparados para afrontar los retos de un mundo en desarrollo.
Continuamos quedándonos en el símbolo y en el homenaje, sin ahondar en el contenido.
¡Qué lástima que se desperdicie de esa manera el tiempo y las palabras de los sabios!